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Las codiciadas dunas de Baní

Las codiciadas dunas de Baní
Ha vuelto a tomar notoriedad el interés de personajes banilejos, y de otros que no lo son, en apoderarse de porciones de las dunas de Baní que desde toda la vida mantienen un atractivo, codiciado en muchos sectores banilejos y de más allá de la región. No solo por el atrayente paisaje de sol, arena y mar, sino por la riqueza de sus arenas y la exótica flora del entorno.

A través de los años, ha sido más de una vez que las voces interesadas a las que les duele la región, han elevado su grito de alarma cuando los depredadores, que no todos son infelices, cercan porciones de terreno, arrasan con zonas de esa región privilegiada buscando aprovechar la excelente calidad de la arena para la industria de la construcción y supuestamente para proceder a sembrar cultivos que no se dan por el tipo de suelo, previo desmonte de los árboles del bosque seco que existe en la zona.

Tuvo que dejarse oír la responsable voz de monseñor Víctor Masalle, obispo de Baní, denunciando cómo a las autoridades de Medio Ambiente no les interesaba ponerle atención al crimen ecológico que se cometía a ojos vista en la zona de las dunas. Todavía se procede con un desmonte arrasador de la flora de bosque seco de mangles, cambrones, cayuco, aceituno y otras especies. Por igual la extracción de cientos de metros cúbicos de arena para transportarla a Baní y a la Capital.

El arrase de bosque y arena era a ojos vista ante la aceptación cómplice de las autoridades que no rinden su labor y se escudan en que no tienen personal suficiente, ni equipos para movilizarse. Por las denuncias del obispo banilejo, los altos funcionarios de Medio Ambiente, en trulla, se apersonaron el pasado 21 de noviembre, Día de la Virgen de Regla, a las dunas a inspeccionar los daños. Naturalmente la zona visitada es en la que todo el mundo hace su parada por estar frente a la Base Naval de Las Calderas. Allí la vista de las dunas es impresionante. Pero a veces las autoridades creen que ya cumplieron y no profundizan más en la inspección, ya que la zona saqueada está más allá del poblado de Las Calderas, hacia el este, llegando a Matanzas. Allí se han realizado desmontes, instalado cercas de cinco cuerdas de alambre de púas y preparado senderos, previo relleno de escombros, para permitir el paso de camiones y poder llegar hasta las minas de la codiciada arena de las dunas.

También se ha parcelado la zona en pequeños lotes donde cada ocupante ilegal acapara su pedazo pero hay otros que se han apropiado de zonas más extensas y hasta títulos han obtenido. Ahora, para el Estado recuperarlos, tiene que pagarle a esos influyentes personajes de gran apoyo político.

Las dunas están en peligro. Ahora se ha recordado aquella inolvidable campaña que el pueblo de Baní se empoderó de la misma, y con cadenas humanas bajo un candente sol, alertaron y espabilaron a las autoridades y ahuyentaron a los camiones que extraían arena obligando a tomar medidas oficiales de unas autoridades apáticas compelidas a accionar para proteger ese patrimonio nacional. Desde el 2002 se había producido una revalorización de la zona hasta que hace pocos meses, ante la indolencia de las autoridades, más ocupadas en sus proyectos políticos y de las demás que no se ocupan de proteger el medio ambiente. Ellos permitieron los desmontes, lotificación de terrenos y la extracción de arena sin tomar en cuenta la importancia de esa zona.

La voz autorizada de monseñor Masalle, al igual que aquella voz de fray Antonio de Montesinos el 21 de diciembre 1511, en el último domingo de Adviento, para defender a los nativos isleños de las codicias ibéricas, sacudió a las autoridades de su inamovilidad burocrática y han actuado en consecuencia, aun cuando fuera por unos pocos meses, hasta que la acostumbrada desidia del dominicano nos olvidemos y no se le da continuidad a la vigilancia, y a lo callado, vuelvan por las suyas los depredadores.

Las dunas son un patrimonio invaluable, no solo de la isla, sino de la región caribeña en donde no se encuentran lugares similares con esas características de un desierto en medio del Trópico casi siempre está preñado de lluvias y bellos bosques. Por lo tanto, le toca a los gobiernos dominicanos asegurar su existencia. Se debe contar con una comunidad empoderada para evitar que desaprensivos y políticos influyentes, aparte de los padres de familia que buscan apoderarse de un pedazo. La voz de monseñor Masalle debe ser una clarinada permanente para recordarles a todos que las generaciones futuras agradecerán los esfuerzos que se lleven para asegurar la existencia de las dunas. HOY

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Daniel Rodriguez

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